miércoles, noviembre 12, 2003

Mishima, ese genio que se convirtió a si mismo en personaje ultraconservador y kischt, acertó al reconocer la necesidad del impulso para la creación artística y la imposibilidad de sustraernos al influjo de la historia -la que cada uno vive, no la oficial o reconocida.

Nos debatimos constantemente en las turbulentas aguas de nuestra propia insatisfacción, por eso anhelamos perdurar y ascender; por eso el arte, por eso plantar el árbol y tener los hijos. La necesidad de darle sentido a una existencia que no tiene más matiz metafísico que aquél que podamos arrancarle nosotros; esa es la razón de que busquemos cosas como lo perfecto (el amor perfecto, la amistad perfecta, el trabajo perfecto...) sin darnos cuenta de que todo eso es sólo un constructo mental, un desideratum, una bana entelequia que nos enfurece y vuelve torpes como niños caprichosos que se enfadan por no poder alcanzar el firmamento con sus manos ansiosas.

Hemos perdido -si alguna vez lo tuvimos- nuestro instinto de lo prioritario, así que empleamos el poco tiempo que tenemos en buscar la forma de ser personas vivas y felices, y perdemos así la oportunidad de vivr y ser felices.

Busquémonos a nosotros mismos en vez de perseguir fantasmas de vidas etéreas. Seamos por nosotros mismos, no en consonancia con los preceptos de ninguna ley vital. al fin y al cabo... acabaremos todos de la misma manera, tratemos de llegar a ese punto habiendo hecho las cosas de forma que las podamos repasar sin lamentarnos por ellas.

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