lunes, enero 24, 2005

condenando a la gente

fíjate. algo tan trascendente y lo hacemos con toda tranquilidad:

criticamos
difamamos
...
condenamos a la persona menos sospechada.

en ello pienso mientras leo La Divina Comedia.
la primera parte de este maravilloso libro, intitulada Infierno, nos ofrece el paseo del florentino poeta acompañado de Virgilio (el poeta de Mantua), y en su caminar va viendo a diferentes personajes de todas las épocas y también de la suya. allí, en el Infierno, sufriendo los castigos a sus pecados.
de esa manera Dante castiga a quienes le han ofendido, los re-crea en su obra como almas condenadas.

interesante.

pero no hay por qué irse al siglo catorce. nosotros escribimos, día a día, nuestra propia comedia, y en ella también tenemos nuestros condenados preferidos. lo desagradable viene cuando se facilita esta pública condena por amor al más burdo cotilleo, a la murmuración.

todo esto viene a raiz de un programa de televisión que tuve la desgracia de ver durante varios minutos el otro día. lo más penoso es que las mismas personas que habían cobrado, supongo, su buen dinero por estar en el programa, eran las ecargadas de tirar piedras sobre su propio tejado y sobre el de sus familiares y supuestos amigos.

me parece más "comprensible" el castigo y la condena ideados por el florentino para sus enemigos, que la vida lastimosa elegida por esos fugaces fenómenos de la televisión.

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