viernes, enero 23, 2004

Reconociendo

Sacas el arma lanzando un grito de reto.
Avanzas hasta que tu boken se encuntra con el koten, última parte del arma oponente. Realizas la peligrosa maniobra de medir la distancia justa.
Miras a los ojos que miran frente a tí y ves muchas cosas.


Así de fácil es, que lástima que en "la vida real" no suceda así casi nunca. Vamos por el mundo sin conocer quiénes son nuestros adversarios y quiénes nuestros compañeros. En ocasiones tenemos suerte y nuestros enemigos se declaran como tal y nuestros amigos hacen manifiestos abiertos sobre el aprecio que nos profesan. Ásí todo se simplifica y es más hermoso. Buenos y malos, igual que cuando éramos niños.

No hay amenaza en tu oponente.
No hay odio entre él y tú.
Ambos retrocedéis los pasos necesarios con el arma baja y cogida con una mano.
Las armas vuelven a la cintura.
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